jueves, 1 de julio de 2010

LOS DOS MOISÉS

No quedaremos impasibles al comprobar que nos hemos colocado en antagonismo con la más sobria investigación histórica de nuestros días. Estos nuevos historiadores, como cuyo representante quisiéramos considerar a Eduard Meyer , se ajustan al relato bíblico en un punto decisivo. También ellos opinan que las tribus judías, de las cuales surgiría más tarde el pueblo de Israel, adoptaron en determinado momento una nueva religión. Pero éste acontecimiento no se habría producido en Egipto, ni tampoco al pie de una montaña en la península de Sinaí, sino en una localidad que se designa Meribahkadesh. Allí los judíos adoptaron la veneración de un dios llamado Jahve, probablemente de la tribu árabe de los madianitas, que habitaba comarcas vecinas. Es muy posible que también otras tribus cercanas adorasen a éste dios.

Jahve era, con seguridad, un dios volcánico. Pero, como sabemos, en Egipto no existen volcanes, y tampoco las montañas de la península de Sinaí han tenido jamás tal carácter; en cambio, junto al límite occidental de Arabia existen volcanes que quizá aún se encontraran en actividad en épocas relativamente recientes.

Jahve es un demonio siniestro y sangriento que ronda por la noche y teme la luz del día. El mediador entre el dios y el pueblo, el que instituyó la nueva religión, es identificado con Moisés. Era el yerno del sacerdote madianita Jethro y pacía sus rebaños cuando tuvo la revelación divina.

E. Meyer afirma no haber dudado jamás que la narración de la estancia en Egipto y de la catástrofe que afectó a los egipcios contuviera algún núcleo histórico, pero evidentemente no acierta a situar y a utilizar éste hecho, cuya legitimidad acepta.

«Moisés, en Madián, ya no es un egipcio y nieto del faraón, sino un pastor a quien se le ha revelado Jahve. En la narración de las plagas ya no se mencionan sus antiguos parentescos, aunque bien podían haberse prestado para producir un efecto dramático; además, la orden de matar a los niños israelitas queda relegada al olvido. En la partida y en la aniquilación de los egipcios, Moisés no desempeña papel alguno y ni siquiera se le menciona. El carácter heroico que presupone la leyenda de su niñez falta completamente en el Moisés ulterior; ya no es más que el taumaturgo, un milagrero a quien Jahve ha dotado de poderes sobrenaturales ..»

No podemos eludir la impresión de que éste Moisés de Kadesh y Madián, al que la propia tradición pudo atribuir la erección de una serpiente de bronce que oficiara como divinidad curativa, es un personaje muy distinto del magnífico egipcio inferido por nosotros, que dio al pueblo una religión en la cual condenaba con la mayor severidad toda magia y hechicería. Nuestro Moisés egipcio quizá no discrepara del Moisés madianita en menor medida que el dios universal Aton del demonio Jahve, habitante del monte sagrado. Y si hemos de conceder la más mínima fe a las revelaciones de los historiadores contemporáneos, no podemos sino confesarnos que la hebra que pretendíamos hilar partiendo de la hipótesis de que Moisés era egipcio ha vuelto a romperse por segunda vez.

En el año 1922. Ernest Sellin hizo un descubrimiento que ejerce decisiva influencia sobre nuestro problema. Estudiando al profeta Oseas (segunda mitad del siglo VIII), halló rastros inconfundibles de una tradición según la cual Moisés, el institutor de la religión, habría tenido fin violento en el curso de una rebelión de su pueblo, tozudo y levantisco, que al mismo tiempo renegó de la religión instituida por aquél.

Pero ésta tradición no se limita a Oseas, sino que también la encontramos en la mayoría de los profetas ulteriores, al punto que Sellin la considera como fundamento de todas las esperanzas mesiánicas más recientes. Al concluir el Exilio de Babilonia se desarrolló en el pueblo judío la creencia de que Moisés, tan miserablemente asesinado, retornaría de entre los muertos para conducir a su pueblo arrepentido -y quizá no sólo a éste- al reino de la eterna bienaventuranza. No han de ocuparnos aquí las evidentes vinculaciones de ésta tradición con el destino del fundador de una religión ulterior.

Adoptemos de Sellin la hipótesis de que el Moisés egipcio fue asesinado por los judíos, que la religión instituida por él fue repudiada. Esta presunción nos permite conservar el hilo que veníamos persiguiendo, sin caer en contradicción con los resultados fidedignos de la investigación histórica. Pero en lo restante nos atrevemos a independizarnos de los autores, «avanzando sin guía por sendero virgen». El Exodo de Egipto seguirá siendo nuestro punto de partida. Deben haber sido muchos los que abandonaron el país junto con Moisés, pues un grupo pequeño no habría merecido el esfuerzo a los ojos de éste hombre ambicioso y animado de grandes proyectos. Probablemente los emigrantes habían residido en el país el tiempo suficiente como para formar una población numerosa, pero no erraremos al aceptar, con la mayoría de los autores, que sólo una pequeña parte de quienes formaron más tarde el pueblo de los judíos sufrieron realmente los azares de Egipto. En otros términos: la tribu retornada de Egipto se unió ulteriormente, en la región situada entre aquel país y Canaán, con otras tribus emparentadas que residían allí desde hacía mucho tiempo. La expresión de ésta alianza, que dio origen al pueblo de Israel, fue el establecimiento de una nueva religión -la de Jahve-, común a todas las tribus; suceso qué, según E. Meyer, ocurrió en Kadesh, bajo la influencia madianita. Después de ésto, el pueblo se sintió con fuerzas suficientes para emprender la invasión de Canaán. Este proceso es incompatible con el hecho de que la catástrofe de Moisés y de su religión ocurriera en Transjordania; por el contrario, debe haber sucedido mucho antes de la alianza.

Dado que la gente de Moisés concedía tan alto valor a su Exodo de Egipto, éste acto de liberación hubo de ser atribuido a Jahve, ornándolo con aderezos que proclamaran la terrible grandeza del dios volcánico, como la columna de humo que de noche se convertía en columna de fuego, como la tempestad que dejó momentáneamente seco el mar, de modo que los perseguidores fueron ahogados por las aguas al cerrarse éstas sobre ellos. Al mismo tiempo, el Exodo fue aproximado a la fundación de la religión, negándose el prolongado intervalo que media entre ambos hechos; tampoco se deja que la entrega de la Ley suceda en Kadesh, sino que se la sitúa al pie de la montaña sagrada, entre manifestaciones de una erupción volcánica.



Pero ésta representación cometió gran injusticia contra la memoria del hombre Moisés, pues él, y no el dios volcánico, había sido quien libertó al pueblo de los egipcios. Debíasele, pues, una indemnización, que le fue rendida transportándolo a Kadesh o al Sinaí-Horeb y colocándolo en lugar de los sacerdotes madianitas. Más adelante indicaremos cómo ésta solución vino a satisfacer una segunda tendencia, urgente e ineludible. De tal manera, se estableció una especie de compensación: a Jahve, originario de una montaña madianitas se lo dejó extender su injerencia a Egipto; la existencia y la actividad de Moisés, en cambio, fueron extendidas hasta Kadesh y Transjordania, fundiéndolo así con la persona del que ulteriormente instituyó la religión, con el yerno del madianita Jethro, a quien prestó su nombre de Moisés. Pero nada personal podemos decir de éste otro Moisés, que es completamente ocultado por el anterior, el egipcio. El único recurso consiste en partir de las contradicciones que presenta el texto bíblico al trazar el retrato de Moisés. Muchas veces lo presenta como dominante, irascible, aun violento; y, sin embargo, también se dice de él que habría sido el más benigno y paciente de los hombres. Es evidente que éstas últimas propiedades poco habrían servido al Moisés egipcio, que proyectaba tan grandes y arduas empresas con su pueblo; quizá fueron rasgos pertenecientes al otro, al madianita. Creo que es lícito separar de nuevo a ambas personas, aceptando que el Moisés egipcio jamás estuvo con Kadesh ni oyó el nombre de Jahve, y que el Moisés madianita nunca pisó el suelo de Egipto y nada sabía de Aton. Para fundir entre sí a ambas personas, la tradición o la leyenda tuvieron que llevar hasta Madián al Moisés egipcio, y ya hemos visto que para explicar este hecho circulaba más de una versión.
(Habla de las tendencias deformadoras de las tradiciones)
Las tendencias deformadoras que procuramos captar ya deben haber actuado sobre las tradiciones antes de que fuesen registradas por escrito. Una de ellas, quizá la más poderosa de todas, ya la hemos descubierto. Decíamos que al ser instituido en Kadesh el nuevo dios Jahve surgió la necesidad de hacer algo para glorificarlo. Sería más correcto decir: fue necesario imponerlo, abrirle campo, borrar las huellas de religiones anteriores. Esto parece haber sido logrado por completo en lo que se refiere a la religión de las tribus autóctonas, pues ya nada oímos de ella. Con los emigrantes, en cambio. no fue tan fácil alcanzarlo, pues no querían dejarse robar el Exodo de Egipto, el hombre Moisés ni la costumbre de la circuncisión. Por consiguiente, se aceptó que habían estado en Egipto, pero que habían vuelto a abandonar éste país, y desde ese momento debía ser negado todo rastro de la influencia egipcia. Se eliminó al hombre Moisés, trasladándolo a Madián y a Kadesh, y fundiéndolo con el sacerdote que fundó la religión de Jahve.
Más extraña aún es la idea de que un dios «elija» de pronto a un pueblo, proclamándolo como «su» pueblo, y a sí mismo como dios de éste. Creo que se trata del único caso semejante en la historia de las religiones. En general, el dios y su pueblo están indisolublemente unidos, constituyen desde el principio una unidad, y aunque a veces oímos de un pueblo que adopta a otro dios, jamás hallamos un dios que elija un nuevo pueblo. Quizá logremos comprender este proceso singular teniendo en cuenta las relaciones entre Moisés y el pueblo judío. Moisés había condescendido a unirse con los judíos, hizo de ellos su pueblo; ellos fueron su «pueblo elegido».
En las contribuciones ulteriores al texto bíblico prevaleció el propósito de evitar toda mención de Kadesh. Como lugar en que había sido instituida la religión se adoptó definitivamente el monte sagrado Sinaí-Horeb. El motivo de ello no es claramente visible; quizá se pretendiera evitar el recuerdo de la influencia que tuvo Madián. Pero todas las deformaciones ulteriores, especialmente las introducidas en la época del denominado Códice sacerdotal, sirven a otro propósito. Ya no era necesario deformar en sentido determinado las crónicas de sucesos pretéritos, pues eso se había logrado tiempo atrás. En cambio, se trató de referir a épocas pasadas ciertos mandamientos e instituciones del presente buscándoles, por lo general, fundamentos en la legislación mosaica, para derivar de ella su título de santidad y autoridad. Pese a todas las falsificaciones que de este modo sufrió el cuadro del pasado, el procedimiento no carece de cierta justificación psicológica. En efecto, reflejaba el hecho de que, al correr de largos tiempos -desde el Exodo de Egipto hasta la fijación del texto bíblico bajo Esdras y Nehemías transcurrieron unos ochocientos años-, la religión de Jahve había seguido una evolución retrógrada, hasta coincidir, quizá hasta ser idéntica con la religión primitiva de Moisés. He aquí el resultado medular, el contenido crucial de la historia de la religión judía.
Entre todos los acontecimientos de la prehistoria judía que los poetas, los sacerdotes y los historiadores ulteriores trataron de elaborar se destaca uno que era necesario suprimir por los más obvios y poderosos motivos humanos. Se trata del asesinato de Moisés, el gran conductor y libertador, crimen que Sellin pudo colegir a través de alusiones contenidas en los libros de los profetas. No cabe calificar de fantástica la hipótesis de Sellin, pues tiene suficientes visos de probabilidad. Moisés, discípulo de Ikhnaton, tampoco empleó métodos distintos a los del rey: ordenó, impuso al pueblo su creencia (#1777). La doctrina de Moisés quizá fuera aún más rígida que la de su maestro, pues ya no necesitaba ajustarse al dios solar, dado que la escuela de On carecía de todo significado para el pueblo extranjero. Tanto Moisés como lkhnaton sufrieron el destino de todos los déspotas ilustrados. El pueblo judío de Moisés era tan incapaz como los egipcios de la dinastía XVIII para soportar una religión tan espiritualizada, para hallar en su doctrina la satisfacción de sus anhelos. En ambos casos sucedió lo mismo: los tutelados y oprimidos se levantaron y arrojaron de sí la carga de la religión que se les había impuesto. Pero mientras los apacibles egipcios esperaban hasta que el destino hubo eliminado a la sagrada persona del faraón, los indómitos semitas tomaron el destino en sus propias manos y apartaron al tirano de su camino.

Tampoco se puede negar que el texto bíblico, tal como se ha conservado, induce a aceptar éste fin de Moisés. La narración de la «peregrinación por el desierto» -que bien puede corresponder a la época del dominio de Moisés- describe una serie de graves sublevaciones contra su autoridad, qué -de acuerdo con la ley de Jahve- son reprimidas con sangrientos castigos. Es fácil imaginarse que alguna de éstas revueltas tuviese un desenlace distinto del que refiere el texto. Este también nos narra la apostasía del pueblo, aunque lo hace en forma meramente episódica. Trátase de la historia del becerro de oro, en la cual, gracias a un hábil giro, se atribuye al propio Moisés el haber quebrado en su cólera las Tablas de la Ley, acto que debería comprenderse en sentido simbólico («él ha quebrado la ley»). Llegó una época en la cual se lamentó el asesinato de Moisés y se trató de olvidarlo; sin duda, ésto ocurrió en el tiempo del encuentro en Kadesh. Pero abreviando el intervalo entre el Exodo y la institución religiosa en el oasis, haciendo que en ésta interviniera Moisés en lugar de aquel otro personaje, no sólo quedaban satisfechas las exigencias de la gente de Moisés, sino que también se lograba negar el hecho penoso de su violenta eliminación. En realidad es muy poco probable que Moisés hubiese podido tomar parte en los sucesos de Kadesh, aunque su vida no hubiera tenido un fin prematuro.

A la larga, nada importó que el pueblo, quizá ya al poco tiempo, rechazara la doctrina de Moisés y lo eliminara a él mismo, pues subsistió su tradición, cuya influencia logró, aunque sólo paulatinamente, en el curso de los siglos, lo que no alcanzara el propio Moisés. El dios Jahve adquirió honores inmerecidos cuando, a partir de Kadesh, se le atribuyó la hazaña libertadora de Moisés, pero tuvo que pagar muy cara ésta usurpación. La sombra del dios cuyo lugar había ocupado se tornó más fuerte que él; al término de la evolución histórica volvió a aparecer, tras su naturaleza, el olvidado dios mosaico. Nadie duda de que sólo la idea de este otro dios permitió al pueblo de Israel soportar todos los golpes del destino y sobrevivir hasta nuestros días.
Sería, por cierto, una tarea tentadora la de estudiar, en el caso especial del pueblo judío, en qué consiste la índole intrínseca de una tradición y a qué se debe su particular poderío; cuán imposible es negar el influjo personal de determinados grandes hombres sobre la historia de la humanidad; qué profanación de la grandiosa multiformidad de la vida humana se comete al no aceptar sino los motivos derivados de necesidades materiales; de qué fuentes derivan ciertas ideas, especialmente las religiosas, la fuerza necesaria para subyugar a los individuos y a los pueblos. Semejante continuación de mi trabajo vendría a relacionarse con opiniones formuladas hace veinticinco años en Totem y tabú; pero ya no me siento con fuerzas suficientes para realizar ésta labor.

sábado, 19 de junio de 2010

LEYENDO: PSICOANÁLISIS DEL AMOR DE MIGUEL OSCAR MENASSA

Si a Sigmund Freud le dieron el premio Gothe de literatura, es porque lo que escribía era literatura, es decir, que parece ser que los textos de psicoanálisis también podrían tener función poética. Leyendo "Psicoanálisis del Amor", de Miguel Oscar Menassa, esta apreciación me parece más evidente que nunca.

"Toda interrupción tiene su sentido.
Él llegó una espléndida tarde de verano para decirme que ella no era mi destino.
Ella llegó en medio de la fiebre, en medio de mis ojos desmesurados por la sorpresa, para decirme que sin Ella no habría destino para mí.
¿A quién creer? ¿Con quién de los dos tendré que pactar la muerte del otro?
¿Perversión o Verdad?
Pálidos espejos estallan exactamente ante mis ojos."

En el camino abierto por los grandes poestas y por Freud, que dijo: poesía y psicoanálisis es psicoanálisis, Menassa da un paso más. Parece retomar rasgos de la escritura automática surrealista, que en este autor deja de ser un experimento innovador. Menassa, además de poeta es un psicoanalista, alguien que sabe que el pensamiento es inconsciente; y toda su obra, tanto poética como psicoanalítica, muestra esta concepción del pensamiento, de la creación y de la escritura.

"Preciso ser investigado.
Oídme bien, mi palabra es el desfiladero de la muerte."

Con Miguel Oscar Menassa, la cultura, la humanidad, tiene trabajo para siglos. Seamos los primeros en comenzar.


Kepa Ríos Alday

lunes, 19 de abril de 2010

LEYENDO MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEISTA

A. CULTURILLA BÁSICA:
Moisés es un legendario profeta para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Según la Biblia era hijo de Amram y su mujer Iojebed. Es definido por la Torá (el texto sagrado del judaísmo) como el hombre encomendado por el Dios Hashem (Yahvé) para liberar al bíblico pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y como su máximo profeta y legislador.
Hagiografía de Moisés según la tradición:La Torá narra como Moisés lideró junto a su hermano Aarón la salida de los hebreos de Egipto y recibió la Torá de manos del Dios Yahvé —tras haberle sido dictada por inspiración divina— en el monte Sinaí.
La Torá comprende la historia de la vida de Moisés y de su pueblo hasta su muerte a la edad de 120 años, que según algunos cálculos exegéticos tuvo lugar en el año judío de 2488, que equivale a 1272 a. C.
El nacimiento de Moisés ocurrió en circunstancias en las cuales el monarca egipcio de la época había ordenado que todos los niños varones que tuviesen los esclavos hebreos fueran arrojados al Nilo. La Torá no especifica la identidad de este faraón, algunos historiadores creen que pudo ser Ramsés II, aunque también se han sugerido otros faraones. Iojebed, tía paterna (y esposa) del levita hebreo Amram, dio a luz a un hijo varón al que, según el Talmud, llamó Iekutiel, y le mantuvo escondido durante tres meses. Cuando no pudo mantenerlo oculto durante más tiempo, en lugar de entregarlo a los soldados egipcios lo colocó a la deriva del Nilo en una pequeña cesta embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior, para hacerla impermeable. La hija del faraón, llamada Batía en el Talmud, descubrió al bebé, lo adoptó como su hijo, y lo llamó Moisés.

B. TEXTO DE FREUD:
I. MOISÉS EGIPCIO
  • Privar a un pueblo del hombre que considera el más grande de sus hijos no es empresa que se acometerá de buen grado o con ligereza, tanto más cuanto uno mismo forma parte de ese pueblo. Ningún escrúpulo, sin embargo, podrá inducirnos a eludir la verdad en favor de pretendidos intereses nacionales, y, por otra parte, cabe esperar que el examen de los hechos desnudos de un problema redundará en beneficio de su comprensión.
  • Si concedemos alguna importancia al problema de la nacionalidad de este gran hombre, sin duda convendrá aducir nuevo material que facilite su solución. He aquí el objeto de mi breve ensayo. Su pretensión a tener cabida en la revista Imago se basa en que su tema es una aplicación del psicoanálisis.
  • Lo primero que atrae nuestro interés en la persona de Moisés es precisamente su nombre.
  • Desde hace mucho tiempo y por diversos conductos se ha expresado la presunción de que el nombre Moisés procedería del léxico egipcio
  • Cabría esperar que alguno de los muchos autores que reconocieron el origen egipcio del nombre de Moisés también llegase a la conclusión -o por lo menos planteara la posibilidad- de que el propio portador de un nombre egipcio fuese a su vez egipcio"
  • No podemos establecer con seguridad qué obstáculos se opusieron a tan justificada deducción. Quizá fuese insuperable el respeto ante la tradición bíblica; quizá pareciera demasiado monstruosa la idea de que el hombre Moisés hubiese sido otra cosa, sino un hebreo.
  • Casi todos los pueblos civilizados importantes... ensalzaron precozmente, en creaciones poéticas y leyendas, a sus héroes. [...] Especialmente las historias de nacimiento y juventud de estos personajes fueron adornadas con rasgos fantásticos, cuya similitud -y aun a veces su concordancia textual- en pueblos distintos, algunos distanciados y completamente independientes entre sí, se conoce desde hace tiempo y ha llamado la atenció de muchos investigadores.
  • Mito del nacimiento del héroe: Su concepción es precedida por dificultades; Durante el embarazo, o aun antes, ocurre un anuncio (sueño, oráculo) que advierte contra su nacimiento, amenazando por lo general la seguridad del padre; En consecuencia, el niño recién nacido es condenado, casi siempre por el padre o por el personaje que lo representa, a ser muerto o abandonado; de ordinario se lo abandona a las aguas en una caja. »Luego es salvado por animales o por gente humilde (pastores) y amamantado por un animal hembra o por una mujer de baja alcurnia. »Ya hombre, vuelve a encontrar a sus nobles padres por caminos muy azarosos; se venga de su padre y, además, es reconocido, alcanzando grandeza y gloria.
  • La fuente última de toda ésta fábula se halla en la denominada «novela familiar» del niño, por medio de la cual el hijo reacciona ante las modificaciones de su vinculación afectiva con los primogenitores, especialmente con el padre. Los primeros años de la infancia están dominados por una grandiosa supervaloración del padre, de acuerdo con la cual los reyes y las reinas de los cuentos y los sueños representan siempre a los padres; más tarde, en cambio bajo la influencia de la rivalidad y de las frustraciones reales, comienza el desprendimiento de los progenitores y aparece una actitud crítica frente al padre. En consecuencia, las dos familias del mito, la ilustre tanto como la humilde, son imágenes de la propia familia, tal como se le presenta al niño en períodos sucesivos de su vida.
  • Muy distinto es el caso de Moisés. La primera familia, generalmente la noble, es aquí bastante modesta: Moisés es hijo de judíos levitas. La segunda, en cambio, la familia humilde en la cual suele criarse el héroe, está sustituida, aquí por la casa real de Egipto: la princesa lo cría como hijo propio. Muchos estudiosos se extrañaron ante ésta discrepancia de la leyenda típica.
  • El mito de Moisés está muy lejos de cumplir sus propósitos secretos. Si Moisés no es convertido en hijo de reyes, la leyenda no puede proclamarlo héroe; si lo deja como hijo de judíos, nada habrá hecho para encumbrarlo.
  • Volvamos a las dos familias del mito. Sabemos que en el plano de la interpretación analítica ambas son idénticas, mientras que en el plano mitológico se diferencian en una noble y otra humilde. Pero tratándose de un personaje histórico al cual se ha proyectado el mito, existe aún otro, un tercer plano: el de la realidad. En tal caso, una de las familias habría existido en la realidad: aquella en la cual el personaje, el gran hombre, efectivamente nació y se crió; la otra, en cambio, sería ficticia, creada por el mito para cumplir sus fines propios. Por lo general, la familia que realmente existió es la humilde, mientras que la ficticia es la noble. En el caso de Moisés, algo parecía discrepar de ésta norma; pero ahora podemos aclarar la situación mediante un nuevo punto de vista: En todos los casos a nuestro alcance, la primera familia, aquella que abandona al niño, es la ficticia; la segunda, en cambio, la que lo recoge y lo cría, es la verdadera. Si nos atrevemos a conceder vigencia general a ésta regla, sometiéndole también la leyenda de Moisés, advertiremos de pronto con toda claridad: Moisés es un egipcio, probablemente noble, que merced a la leyenda ha de ser convertido en judío. ¡He aquí, pues, nuestro resultado!
  • ¿Por qué he publicado, en principio, éste estudio, si no nos proporciona mayor certidumbre? Lamento que tampoco mi justificación pase de algunas meras alusiones. Pero el caso es que creo que si nos dejamos llevar por los dos argumentos aquí mencionados y si tratamos de aceptar seriamente la hipótesis de que Moisés era un noble egipcio, entonces se nos abrirán perspectivas muy vastas e interesantes. Con ayuda de ciertas y no muy lejanas suposiciones, creemos comprender los motivos que animaron a Moisés en su extraordinaria decisión; además, en estrecha relación con ellos, podremos concebir el posible fundamento de numerosas características y particularidades de la legislación y la religión que él dio al pueblo judío; por fin, aún lograremos conceptos fundamentales sobre el origen de las religiones monoteístas en general.
II. SI MOISÉS ERA EGIPCIO...
  • (Apunte epistemológico, recuerda que trabajamos con verosimilitudes, no con verdades:) Ni la más seductora verosimilitud puede protegernos contra el error; aunque todos los elementos de un problema parezcan ordenarse como las piezas de un rompecabezas, habremos de recordar que lo verosímil no es necesariamente cierto, ni la verdad siempre es verosímil.
  • (Objeciones a la hipótesis que finalmente la apoyan: )
  • 1. Cuando un pueblo o una tribu se dispone a una gran empresa, cabe esperar que uno de sus miembros se erija en jefe o sea elegido para ésta función. Pero no es fácil conjeturar qué puede haber inducido a un encumbrado egipcio -príncipe quizá, sacerdote o alto funcionario- a encabezar una horda de inmigrantes extranjeros, culturalmente inferiores, para abandonar con ellos su país.
  • 2. La circunstancia del tajante antagonismo entre la religión atribuida a Moisés y la egipcia: Monoteismo estricto<>Politeismo inabarcable // Prohibición de representar la imagen de Dios<>Insaciable afán de representar a los dioses en arcilla // Completa renuncia a la inmortalidad<> Minuciosas precauciones para negar la existencia de la muerte, etc. -> Si alguien pretende influir sobre la religión de otro, ¿por ventura no es lo más natural que comience por convertirlo a su propia religión ?
  • (Resuelve:) Se tiene a veces la impresión de que la antítesis entre la religión mosaica y la egipcia habría sido voluntaria y deliberadamente agudizada...
  • Un hecho extraño en la historia de la religión egipcia, un hecho que sólo llegó a ser reconocido y apreciado en una época relativamente reciente, nos abre una nueva e inesperada perspectiva. Gracias a ella subsiste la posibilidad de que la religión que Moisés dio a su pueblo judío fuese, pese a todo, una religión egipcia, aunque no la religión egipcia. Durante la gloriosa dinastía XVIII, bajo cuya égida Egipto llegó a ser por vez primera una potencia mundial, ascendió al trono, por el año 1375 a. J. C., un joven faraón que primero se llamó Amenhotep IV, como su padre, pero que más tarde cambió de nombre. Este rey se propuso imponer a sus egipcios una nueva religión, una religión contraria a sus tradiciones milenarias y a todas sus maneras familiares de vivir. Tratábase de un rígido monoteísmo la primera tentativa de esta clase emprendida en la historia de la humanidad.
  • Ahora nos aventuramos a formular la siguiente conclusión: si Moisés era egipcio y si transmitió a los judíos su propia religión, entonces ésta fue la de Ikhnaton, la religión de Aton.
  • La concordancia de la religión judía con la de Aton en este punto fundamental es el primer argumento sólido en favor de nuestra tesis; y vamos a ver que no es el único.
  • Moisés no sólo dio a los judíos una nueva religión; también puede afirmarse con idéntica certidumbre que introdujo entre ellos la costumbre de la circuncisión.
  • Al preguntarnos de dónde les llegó a los judíos la costumbre de la circuncisión, tendremos que seguir contestándonos: de Egipto. Heródoto, el «padre de la Historia», nos informa que la costumbre de la circuncisión existía en Egipto desde mucho tiempo atrás, y sus palabras han sido confirmadas por los exámenes de momias y aún por las figuras murales de las sepulturas.
  • Si Moisés, además de dar a los judíos una nueva religión, les impuso el precepto de la circuncisión, entonces no era judío, sino egipcio .
  • Hemos comprobado que nuestra hipótesis de que Moisés no era judío, sino egipcio, crea un nuevo problema, pues sus actos, que parecían fácilmente comprensibles en un judío, se tornan inconcebibles en un egipcio. Pero si situamos a Moisés en la época de Ikhnaton y lo relacionamos con éste faraón, desaparece dicho enigma y surge la posibilidad de una motivación que resolverá todos nuestros problemas. Partamos de la premisa de que Moisés era un hombre encumbrado y de noble alcurnia, quizá hasta un miembro de la casa real, como afirma el mito. Seguramente tenía plena consciencia de sus grandes dotes, era ambicioso y emprendedor; quizá soñara con dirigir algún día a su pueblo, con gobernar el reino. Muy estrechamente vinculado al faraón, era un decidido prosélito del nuevo culto, cuyas ideas fundamentales habría hecho suyas. Al morir el rey y al comenzar la reacción vio destruidas todas sus esperanzas y sus perspectivas; si no quería abjurar de sus convicciones más caras, Egipto ya nada tenía que ofrecerle: había perdido su patria. En tal trance halló un recurso extraordinario. lkhnaton, el soñador, se había extrañado a su pueblo y había dejado desmembrarse su imperio. Con su naturaleza enérgica, Moisés forjó el plan de fundar un nuevo imperio, de hallar un nuevo pueblo al cual pudiera dar, para rendirle culto, la religión desdeñada por Egipto. Como vemos, era un heroico intento de oponerse al destino, de resarcirse doblemente por las pérdidas que le trajo la catástrofe de Ikhnaton. Moisés quizá fuera por esa época gobernador de aquella provincia limítrofe (Gosen) en la que (¿ya en tiempos de los hicsos?) se habían radicado ciertas tribus semitas. A éstas las eligió como su nuevo pueblo. ¡Decisión crucial en la historia humana!
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C. MI LECTURA (KEPA):
Este texto nos muestra el concepto del pasado móvil. Lo que hace con el pasado no es reconstruirlo sino construirlo. Al mostrarnos cómo se construye un pasado, nos hace comprender que el pasado es una construcción.
Yo creo que aquí reflexiona sobre qué es el pasado móvil, o el tiempo del futuro anterior: "Ni la más seductora verosimilitud puede protegernos contra el error; aunque todos los elementos de un problema parezcan ordenarse como las piezas de un rompecabezas, habremos de recordar que lo probable no es necesariamente cierto, ni la verdad siempre es probable. Por fin, no nos tienta el ser incluidos entre los escolásticos y talmudistas que se deleitan en hacer jugar su perspicacia sin importarles cuán remotas de la realidad pueden ser sus afirmaciones". Que creo que quiere decir, que el tiempo del pasado anterior no quiere decir que se pueda asegurar que halla sido así, ni quiere decir que el pasado pueda ser cualquier cosa que uno se invente. Está diciendo que lo que trae es un nuevo concepto de pasado, un nuevo concepto de verdad, que es lo que va a desarrollar en este texto.

martes, 5 de enero de 2010

"Debemos tener la convicción de que, primero, las grandes masascampesinas están dispuestas a marchar paso a paso por el caminosocialista bajo la dirección del Partido, y, segundo, el Partido es capazde dirigir al campesinado por este camino. Estos dos puntos constituyenla esencia de la cuestión, la corriente principal." [Mao]

Me parece que la revolución socialista no busca la igualdad sino la justicia. Me doy cuenta que cuando habla de los campesinos no habla de ellos como iguales sino como humanos, como personas que deben ser tenidas en cuenta como tales al organizar un país, un sistema de producción, de desarrollo, de convivencia.
"Igualdad para los iguales, desigualdad para los desiguales. Ese sería el discurso de la justicia" [Nietzsche].
En este sentido, el pensamiento revolucionario de Mao me parece menos hipócrita, o más realista que las democrácias dominantes actuales. Por votar un 40% de la población una vez cada tantos años, eligiendo entre dos partidos posibles, ya dicen que decidimos todos, que es una democracia. Y nos atrevemos a llamar dictaduras a gobiernos como el de Cuba y China, donde el pueblo ha hecho una revolución y se han matado muchos, para lograr quitar un gobierno y poner otro, poner otro sistema incluso. Resulta que nosotros decidimos y ellos están sometidos a una dictadura. Ay ay ay...

LEYENDO EL LIBRO ROJO DE MAO - II

"Sostengo que, para nosotros, es malo si una persona, partido, ejército
o escuela no es atacado por el enemigo, porque eso significa que ha
descendido al nivel del enemigo. Es bueno si el enemigo nos ataca,
porque eso prueba que hemos deslindado los campos con él. Y mejor aún
si el enemigo nos ataca con furia y nos pinta de negro y carentes de toda
virtud, porque eso demuestra que no sólo hemos deslindado los campos
con él, sino que hemos alcanzado notables éxitos en nuestro trabajo.
"[Mao]

Me recuerda a las observaciones de Freud acerca de las resistencias al psicoanálisis. También en el primer año de Freud los profesores comentaron después de clase, que si en la facultad de psicología tienen que enterrar a Freud todos los días, es porque Freud está muy vivo.

LEYENDO EL LIBRO ROJO DE MAO


"La política es el punto de partida de todas las acciones prácticas de
un partido revolucionario, y se manifiesta en el proceso y el resultado
final de sus acciones. Toda acción de un partido revolucionario es la
aplicación de su política. Si no aplica una política correcta, aplica una
errónea; si no aplica determinada política de modo consciente, la aplica
a ciegas."[Mao]


Me recuerda a lo que dice Menassa de la ideología: que no hay que no tenga ideología. Es decir que la ideología es inconsciente y que todo se hace y se dice con una ideología. Analizandose, uno consigue conocer la ideología que hay detrás de sus actos, de sus pensamientos; estudiando se puede aprender a pensar, es decir, cambiar de ideología. Es decir, si siempre voy a estar dirigido por una ideología, al menos que sea una ideología que yo elija ¿no?
Pensaba en las doctrinas actuales de "piensa por ti mismo". Quien te dice "piensa por ti mismo" cuando estás intentando aprender a pensar, estudiando a un pensador, es porque quiere que pienses como él mismo, porque no quiere que aprendas a pensar de otra manera. Si de verdad quisieran que tuvieras alguna libertad deberían decirte: "decide tu mismo cómo o como quién quieres pensar, y ponte a estudiar", pero "piensa por ti mismo" es un engaño.
Se puede desear aprender algo sin saber qué es, solamente viendo lo que la gente hace con ello. Por ejemplo, un niño no sabe lo que son los voltios, los amperios, pero sabe lo que es la luz, el poder de la electricidad, y por eso puede desear aprender, estudiar ingeniería sin saber lo que es (yo a los 5 años metí la lengua en el enchufe y casi muero, después me hice ingeniero y ahora doy clases de electricidad). Por eso se puede desear aprender algo sin conocerlo, sin saber lo que es, y esta decisión si que es libre, sí que la hace uno mismo. Aunque sólo por apres coup se sabe qué se ha decidido.
Antonio Porchia (creo) dice: "Me ensañaron a vivir otros vivos de verdad". Yo creo que se refiere a que se desean deseos, que viendo a otros desear se puede empezar a desear. Esa es la única influencia posible, es decir, que no hay manera de influir en otros sino influyendo en uno mismo, decidiendo.
Esto es lo que estoy trabajando actualmente (Enero 2010) del concepto de deseo.

Volviendo a la ideología y la política, Pavese dice que la opinión es como el culo, que todos tenemos. Voy a seguir leyendo Mao a ver si me entero de algo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Clase la Negación

Respecto a la noción de en qué consiste la función psíquica del juicio. Primitivamente el juicio tiene dos funciones, la primera decidir qué introduzco en mi cuerpo, qué me como, y qué rechazo o expulso de mi cuerpo. Y la segunda función es decidir si una imagen psíquica es real, es decir, corresponde a algún objeto en la realidad.
El primer juicio negativo es "caca", que equivale a no. En referencia a esto, me sorprendió cuando trabajaba la calse, la campaña publicitaria del Ministerio de Medio Ambiente que decía solamente: “Bolsas caca”, para decir que no se deben usar bolsas de plástico. Igualmente, una expresión comunmente utilizada para decir que no te gusta algo: ¡Fuera!.

Partiendo de que la negación es uno de los dos resultados del juicio intelectual [el otro sería la afirmación], este texto nos revela la existencia de otras funciones en el mecanismo de la negación.
Primero hay que diferenciar qué es contenido ideológico y qué es el resultado del juicio. Por ejemplo, en la frase: «Va usted a creer ahora que quiero decir algo ofensivo para usted, pero le aseguro que no es tal mi intención.» Si tratamos de separar el el juicio del contenido, y quedarnos con el contenido íntegro de la frase, quedaría algo así: «Va usted a creer ahora que quiero decir algo ofensivo para usted. Tal es mi intención.». Este es el contenido ideológico de la frase si omitimos el resultado del juicio intelectual.
Entonces una de las cosas que enseña este texto de Freud es que la negación permite conservar el contenido ideológico reprimido, sin que deje de estar reprimido. Es decir, que cuando una idea o asociación aparece negada en el discurso del paciente, quiere decir que está reprimida.
Entiendo que este texto también hace a la escucha analítica, ya que muestra que se debe escuchar los contenidos por separado que los resultados del juicio. Desde La Interpretación de Los Sueños, sabemos que en el inconsciente no hay negación ni contradicción, entonces, la negación tiene que ser un añadido de la percepción de la conciencia para poder tolerar ciertos contenidos reprimidos.